An Alternative Feminism – Un feminismo alternativo

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(Para versión en español, véase más abajo)

This week I got an article published in the Norwegian weekly intellectual newspaper, Morgenbladet. Since it was written in Norwegian, I will give you a summary of the article in English and in Spanish. It might also give you an impression on gender equality in Norway, ranked among the four best countries for professional women.

My article was formed as an answer to Maria B. Reinertsen’s article “Has feminism lost in the struggle for equality?”, in which she provides an argument to the current Norwegian debate on the paid parental benefit period. A governmental commission has evaluated the current norm, which in addition to three weeks reserved for the mother before birth, offers the parents ten weeks each, and leaves the rest (26 weeks) for the parents to divide between them as they wish. The commission, however, suggests reserving for mom three weeks before and six weeks after childbirth, dividing the rest (40 weeks) equally among the parents. The argument is that the current norm leads to mom taking out most of the weeks, which makes women less attractive on the labor market, and limits gender equality within the household. What I like about Reinertsen’s article is the concluding remark where she suggests that the labor market could adjust itself more to women, to enable women (and men) to perform care obligations, related to children and elderly, without this making them less desirable for the job.

To elaborate on this point, I use the novel A Country Run by Women (El país de las mujeres) of the Nicaraguan author and feminist, Gioconda Belli. She writes about the fictitious country Faguas, where the female leader of Party of the Erotic Left, with a high-heeled shoe in its party logo, is elected president based on her campaign for cleaning the country like only women can, and raising and nurturing citizens as a mother cares for her child. “Instead of proving that we are just as good as men, and thus capable of governing, we should put emphasis on the feminine, what you normally disguise, like if it were a weakness. If there’s something this country needs, it is someone who would cuddle it, spoil it… a mamacita”. All men in public positions are ordered to leave their post for a period, and let women take over. Simultaneously a volcano eruption causes lower levels of testosterone among men.

In my opinion, gender is socially constructed and performative. It is something you do, and that is constantly negotiated in society through discursive practices, and not a result of who you are and traits you inhabit. Hence it is problematic to identify some characteristics as essentially feminine, and I am of course not suggesting that we modify men’s levels of testosterone, nor should we eliminate them from positions of power. Nevertheless, Belli does have a point: “… we entered the labor force, but the labor market was not adapted to us. It is created for men who have wives. If women had organized the world, there would be no separation between work and family life. One would be able to enjoy wonderful child care services at the work place, free of charge. We could spend time with our children in the coffee break. When the child needed nursing, we would be able to do that. We would receive a bonus for each child we brought to the world” (quotes translated from Spanish).

Norway and Nicaragua are not comparable in terms of gender equality, and Belli’s suggestions for structural change might not seem very realistic for the future Norwegian labor market. Nevertheless, her underlying argument might still prove valuable in the debate about gender equality related to how work and family life is organized. To achieve feminist goals, the society must adapt to women, not the other way around. Only then we can talk about true equality where women are valued as women, and not according to parameters with men as the desired standard. We need to break with traditional perceptions of women being more suitable for reproductive tasks, and make it possible for women to build a career on equal terms with men. Simultaneously, we must acknowledge that many women do not want to be like men, without this necessarily bringing us back to the gender ideals of the 50s.

Before we start to appreciate women for being women, and to understand the underlying structures behind her choice of taking out the largest share of the parental benefit period, we should be careful with depriving her of hard earned rights. Moreover, we must not forget that the paternal quota is still an important political tool, and that a norm-setting length on this is still necessary for achieving true equality on the labor market as well as within the household. Hence, I proclaim a preliminary “yes” to the division of the parental benefit period into three parts: the first reserved for mom the weeks before and after birth, one part reserved for dad, and one for the family to decide themselves. I also advocate for the importance of putting children’s needs first, a concern sometimes obscured by the binary character of debates about gender equality.

Un feminismo alternativo

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Esta semana se publicó un artículo que he escrito en el periódico noruego “Morgenbladet”. Ya que el artículo es en noruego, aquí les ofrezco un resumen en español. También puede contribuir a darles una impresión de la situación de igualdad de género en mi país, Noruega, clasificado mundialmente entre los cuatro mejores países para mujeres profesionales.

La publicación fue una respuesta al artículo de María B. Reinertsen “¿El feminismo se ha perdido en la lucha por la igualdad?”, en el cual contribuye con un nuevo argumento al debate actual en Noruega acerca del permiso postnatal parental. Una comisión gubernamental ha evaluado la norma actual, que además de las tres semanas reservadas para la madre antes del parto, ofrece a cada uno de los padres diez semanas, y deja el resto (26 semanas) para que los padres las dividan entre sí a su conveniencia. La comisión, sin embargo, sugiere reservar para la madre tres semanas antes y seis semanas después del parto, dividiendo equitativamente el resto (40 semanas) entre los padres. Se argumenta que la norma actual en la práctica conlleva a que la madre se apropia de la mayoría de las semanas, lo cual resulta en que, además de limitar igualdad de género dentro del hogar, la mujer resulta menos atractivo para el mercado laboral, por haber estado ausente tanto tiempo. Lo que me gusta del artículo de Reinertsen, es su conclusión donde sugiere que el mercado laboral debería adaptarse más a la mujer, de forma que sea posible para mujeres (y hombres) realizar obligaciones de cuidado, relacionados con hijos y ancianos, sin que ello les haga menos codiciadas para el mercado laboral.

En mi elaboración sobre este argumento, hago referencia a la novela El país de las mujeres de la autora nicaragüense y feminista, Gioconda Belli. Ella crea el país ficticio Faguas, donde la líder del Partido de la izquierda erótica, con tacones en su logo, es elegida presidenta, tras una campaña para limpiar el país como sólo las mujeres sabemos, criando ciudadanos como una madre cuida a sus hijos. “En vez de tratar de demostrar que somos tan “hombres” como cualquier macho y por eso aptas para gobernar, hacer énfasis en lo femenino, eso que normalmente ocultan, como si fuera una falla, las mujeres que aspiran al poder: la sensibilidad, la emotividad. Si hay algo que necesita este país es quién lo arrulle, quién lo mime, quién lo trate bien: una mamacita”. Todos los hombres en puestos públicos tienen que dejar sus trabajos por un período, y las mujeres asumen el poder. Simultáneamente, la erupción de un volcán contribuye a bajar el nivel de testosterona en los hombres.

En mi opinión, el género es una construcción social, además de ser performativo, expresado mediante prácticas discursivas, y no un resultado de lo que uno es y características que uno posee. Por lo tanto, resulta problemático identificar características esencialmente femeninas, y en ningún modo sugiero que debemos modificar los niveles de testosterona de los hombres, tampoco que los eliminemos de las posiciones de poder. No obstante, Belli ofrece una perspectiva interesante: “… entramos al mundo del trabajo, pero el mundo del trabajo no se adaptó a nosotras. Está pensado para hombres que tienen esposas. Si las mujeres hubiéramos organizado el mundo, el trabajo no estaría segregado de la familia, estaría organizado alrededor de la familia: habría guarderías maravillosas y gratis en los propios centros de trabajo. Podríamos estar con los hijos a la hora del café. Nos llevarían a los bebés para que les diéramos de mamar. Nos darían bonos productivos por cada niño que trajéramos al mundo“.

Noruega y Nicaragua no son países comparables con respecto a igualdad de género, y las sugerencias de cambios estructurales que ofrece la autora no serían muy viables en un futuro mercado laboral noruego. Sin embargo, su argumento puede contribuir positivamente al debate sobre igualdad de género relacionado con la organización del mundo laboral y la vida familiar. Para lograr metas feministas, la sociedad debe adaptarse a la mujer, y no al revés. Solo así se puede obtener igualdad real de género, donde las mujeres se valoran por ser mujeres, y no de acuerdo con estándares masculinos. Es necesario que rompamos con las percepciones tradicionales de que las mujeres somos más aptas para las tareas reproductivas, y facilitarle a la mujer en tener éxito en su trayectoria profesional. Simultáneamente, hay que reconocer que muchas mujeres no desean ser como hombres, sin que ello implica retroceder a los ideales de los años 50.

Antes de empezar a apreciar a la mujer por ser mujer, y a entender las estructuras subyacentes tras su elección de apropiarse de la mayor parte del permiso parental, debemos cuidarnos de privarle de derechos obtenidos tras años de lucha. Además, no debemos olvidar que la cuota paternal todavía constituye una importante arma política, y que para obtener igualdad real tanto en el mercado laboral como en el hogar, resulta todavía necesario mantener una cantidad de semanas reservadas para el padre. Yo abogo por una división del permiso parental en tres partes: la primera reservando unas semanas antes y después del parto para la madre, una parte substancial reservada para el padre, y una parte para que la familia pueda decidir libremente. En conclusión, destaco la importancia de no olvidar el bienestar de los hijos como elemento importante en el debate, siendo ellos muchas veces descuidados por el carácter binario de los debates sobre igualdad de género.

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